Santa neomártir Crisa: el hallazgo de sus reliquias y su regreso a la tierra natal
Después de más de dos siglos de su martirio, ocurrido en 1795, las reliquias de santa Crisa, una joven cristiana que prefirió entregar su vida antes que renunciar a Cristo, han sido identificadas y trasladadas solemnemente a su pueblo natal, en el norte de Grecia. Este acontecimiento, celebrado el 12 de octubre de 2026, es un hito histórico para la Metrópolis de Edesa, Pela y Almopía y ofrece una oportunidad para conocer el testimonio de una de las neomártires de la Iglesia ortodoxa.
Una joven cristiana bajo el dominio otomano
Santa Crisa (en griego, Χρυσή, nombre que significa «dorada» o «de oro») nació en el siglo XVIII en la localidad de Slatena, hoy llamada Crisa, situada en la región de Almopía, unidad regional de Pela, en Macedonia, al norte de Grecia.
Su vida transcurrió durante el dominio otomano, época en la que las comunidades cristianas ortodoxas de los Balcanes vivían bajo la autoridad del Imperio otomano. Crisa procedía de una familia cristiana humilde. Su padre era un hombre pobre que tenía cuatro hijas. Según su relato hagiográfico, la joven destacaba tanto por su belleza como por sus virtudes espirituales.
Un día, mientras recogía leña en el campo junto con otras mujeres, fue secuestrada por un hombre turco que pretendía convertirla al islam y tomarla por esposa. Él intentó persuadirla mediante promesas y halagos, pero la joven rechazó sus pretensiones y permaneció firme en la fe cristiana. La tradición hagiográfica conserva una de sus respuestas, que expresa la profundidad de su entrega a Cristo: «Solo reconozco a Cristo como mi Esposo, y no lo negaré, aunque despedaces mi cuerpo».
Ante su negativa, sus captores recurrieron a nuevas presiones. Incluso sus padres y familiares, forzados a intervenir, le suplicaron que aceptara convertirse al islam para salvar su vida. Pero Crisa respondió con la misma firmeza: «Tengo por padre a mi Señor Jesucristo; por madre, a la Señora Madre de Dios; y por hermanos y hermanas, a los santos y santas de nuestra Iglesia».

Estas palabras expresan una concepción profundamente eclesial de la existencia cristiana: la pertenencia a Cristo y la comunión con los santos constituye una realidad que trasciende incluso los vínculos familiares.
El martirio de santa Crisa
La negativa de la joven a renunciar a su fe dio lugar a una persecución cada vez más violenta. Según el relato de su vida, fue sometida a crueles torturas para obligarla a apartarse de Cristo. Sin embargo, permaneció fiel a su confesión cristiana. Finalmente, el 13 de octubre de 1795, sus perseguidores le dieron muerte mutilando su cuerpo con cuchillos. Tenía aproximadamente diecisiete años. La Iglesia ortodoxa la venera como santa neomártir.
El término neomártir, frecuente en la tradición ortodoxa, designa especialmente a los cristianos que sufrieron el martirio durante los siglos de dominación otomana, mucho después de las grandes persecuciones del Imperio romano. Estos mártires ocupan un lugar destacado en la memoria espiritual de los pueblos ortodoxos de los Balcanes. Su testimonio recuerda que la santidad y la fidelidad a Cristo no pertenecen únicamente a los primeros siglos del cristianismo.
La Iglesia celebra la memoria litúrgica de santa Crisa el 13 de octubre de cada año.
El hallazgo de sus reliquias después de más de dos siglos

En septiembre de 2026, la Metrópolis de Edesa, Pela y Almopía, anunció un acontecimiento de extraordinaria importancia para la Iglesia local: el hallazgo y la identificación de unos restos humanos que, según las investigaciones realizadas y la tradición eclesiástica, corresponden a santa Crisa.

Los restos habían sido hallados años atrás cerca de las ruinas de la antigua iglesia de la Dormición de la Santísima Madre de Dios, en la zona de la fortaleza de la localidad de Crisa. El descubrimiento fue realizado por el sacerdote Constantino Kodzambougioukis, cuyo testimonio forma parte de la documentación difundida acerca del acontecimiento.

Los restos fueron examinados por el Servicio de Medicina Forense de Tesalónica y por dos laboratorios científicos especializados de Alemania. Según la información publicada por la Metrópolis, los análisis determinaron que los huesos pertenecían a una mujer joven, de aproximadamente diecisiete años, y situaron su muerte en 1795. Estos resultados concuerdan con los datos transmitidos por la tradición hagiográfica acerca de la edad de la santa y el año de su martirio.
Las autoridades eclesiásticas consideran que los resultados de las investigaciones, junto con el lugar del hallazgo y la tradición histórica, respaldan la identificación de las reliquias.
Conviene señalar que los estudios científicos pueden aportar información sobre la antigüedad de los restos, las características biológicas de la persona y las posibles lesiones. Sin embargo, la atribución de unos restos a una figura histórica concreta, requiere también valorar otros testimonios y circunstancias.

La Metrópolis señaló asimismo que, en los restos especialmente en las costillas y el cráneo, se observan señales relacionadas con las torturas sufridas por la santa. También informó de la fragancia que, según el testimonio eclesiástico, emana de las reliquias.
Para la comunidad ortodoxa local, el hallazgo constituye una bendición espiritual y un motivo de gratitud a Dios, al hacer nuevamente presente la memoria de una joven cuyo martirio ha sido venerado durante generaciones. En una comunicación dirigida al clero y a los fieles, el metropolita Joel de Edesa Pela y Almopía, expresó su agradecimiento a Dios por este acontecimiento, ocurrido más de dos siglos después del martirio de la santa, e invitó a los cristianos a acudir con fe a su intercesión.
El regreso de santa Crisa a su pueblo natal

El lunes 12 de octubre de 2026, víspera de su fiesta litúrgica, el pueblo de Crisa vivió una jornada histórica. Por primera vez, 231 años después de su martirio, las reliquias de la santa fueron recibidas solemnemente en la tierra donde había nacido y sufrido por su fe.
La celebración comenzó a las seis de la tarde con la recepción oficial de las reliquias. Fueron recibidas en la entrada del pueblo por una procesión de monjas, acompañadas por una comitiva de honor, y fueron trasladadas hasta la iglesia parroquial dedicada a santa Crisa.
Las reliquias fueron recibidas por el metropolita Joel de Edesa, Pela y Almopía, junto con el metropolita Hieroteo de Náfpaktos y los obispos Macario de Glavinis, Cristóforo de Anfípolis y Esteban de Almopía. Participaron también numerosos sacerdotes y diáconos de la Metrópolis y de otras regiones de Grecia. Una multitud de fieles acudió para venerar las reliquias de la joven mártir.

Este acontecimiento tuvo un significado especialmente profundo para los habitantes de Crisa, localidad que hoy lleva el nombre de la santa. Después de más de dos siglos, la memoria de aquella joven cristiana se hacía presente de una manera particularmente tangible en la comunidad que ha conservado su recuerdo. La iglesia parroquial dedicada a santa Crisa se convirtió así en el centro de las celebraciones.
La santidad y el amor a los santos
Durante las vísperas solemnes, presididas por el metropolita Hieroteo de Náfpaktos, el jerarca pronunció una homilía dedicada a la santidad y al amor a los santos. En su reflexión empleó el término griego philágioi (φιλάγιοι), que designa a quienes aman a los santos y manifiestan ese amor mediante sus obras. El metropolita destacó cuatro ejemplos relacionados con la veneración de santa Crisa.

El primero fue san Nicodemo el Hagiorita (1749-1809), uno de los grandes maestros espirituales de la Iglesia ortodoxa, quien transmitió la vida de la joven mártir y contribuyó a difundir el conocimiento de los neomártires durante el período otomano.
El segundo fue san Calínico (1919-1984), metropolita de Edesa, Pela y Almopía, quien promovió la celebración en memoria de santa Crisa y la construcción de una iglesia en su honor, cuyos cimientos colocó él mismo.
El tercero fue el actual metropolita Joel, quien compuso el oficio litúrgico dedicado a la santa, consagró su iglesia y ha desempeñado un papel importante en la promoción de su veneración.

Finalmente, el metropolita Hieroteo destacó a los propios fieles de la región, cuya devoción ha mantenido viva la memoria de la mártir a lo largo de las generaciones.
Al concluir su homilía, recordó que santa Crisa muestra a los cristianos hasta dónde puede llegar el amor a Cristo. Exhortó a los fieles a permanecer unidos a la Tradición de la Iglesia, a sus enseñanzas y mandamientos, y a procurar personalmente la santidad.
Haciendo referencia al significado del nombre de Crisa, exhortó a los presentes a adquirir una mente de oro, pensamientos de oro, un corazón de oro y una vida de oro, glorificando siempre a Dios.
Una celebración que une la memoria y la vida de la Iglesia
El martes 13 de octubre, día de la memoria litúrgica de santa Crisa, estaban previstos los maitines y la Divina Liturgia, concelebrada por varios obispos, en la iglesia dedicada a la mártir.
Durante toda la semana se programaron celebraciones diarias de la Divina Liturgia y otros oficios sagrados. El templo permanecería abierto durante todo el día para que los fieles pudieran acudir a venerar las reliquias.

Este acontecimiento constituye un momento especialmente significativo en la historia de la Metrópolis de Edesa, Pela y Almopía. Durante generaciones, la memoria de santa Crisa se ha conservado mediante el relato de su vida, su celebración litúrgica y la devoción de los cristianos. Ahora, el hallazgo y la recepción solemne de sus reliquias añaden una nueva dimensión a esa continuidad histórica y espiritual.
Un testimonio para los cristianos de nuestro tiempo

La historia de santa Crisa puede resultar poco conocida para muchos cristianos ortodoxos de habla española. Sin embargo, su vida forma parte de una tradición de santidad que trasciende las fronteras nacionales y culturales. Su martirio recuerda el testimonio de tantos cristianos que, en distintas épocas y lugares, han permanecido fieles a Cristo en medio de la persecución.
Santa Crisa no pertenecía a una familia poderosa ni ocupaba una posición social elevada. Era una joven de origen humilde cuya vida estuvo marcada por una decisión fundamental: no renunciar a su fe, incluso ante la amenaza de muerte. Su testimonio nos permite comprender también el significado el significado que tiene la veneración de los santos en la Iglesia ortodoxa.
Los santos no son simplemente personajes del pasado cuya memoria se conserva por razones históricas. Son miembros vivos del Cuerpo de Cristo, cuya fidelidad sigue iluminando el camino de los creyentes. Por eso, la veneración de sus reliquias no constituye una mera evocación del pasado, sino una expresión de la fe cristiana en la santificación del ser humano entero, cuerpo y alma, y en la resurrección futura.
El regreso de las reliquias de santa Crisa a su tierra natal, 231 años después de su martirio, une así la memoria histórica con la vida litúrgica de la Iglesia. En esta localidad macedonia que hoy lleva su nombre, la joven mártir continúa siendo venerada como testigo de la fidelidad a Cristo.
Santa neomártir Crisa, ruega a Dios por nosotros.
Tropario de la santa neomártir Crisa
Tono III
Fuiste un vaso de oro de la virginidad
y purísima esposa del Señor,
oh Crisa, hermosa doncella.
Conservando irreprochablemente tu pureza,
luchaste sabiamente por Cristo,
con sabiduría divina.
Oh mártir gloriosa, ruega a tu Esposo
que nos conceda su gran misericordia.
Fuente, foto: orthodoxianewsagency.gr; orthodoxianewsagency.gr
Elaborado por: La redacción del portal "Vida de la Iglesia"